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El primer Sanborns de México todavía existe: la historia detrás de la famosa Casa de los Azulejos

Si creciste en México, probablemente conoces Sanborns.

Puede que hayas ido por unos molletes.

Por un café.

Por un libro.

Por un regalo de último minuto.

O simplemente porque necesitabas comprar algo y terminaste recorriendo media tienda.

Para los mexicanos que viven en Estados Unidos, el nombre también puede despertar recuerdos muy específicos.

Pero ¿dónde comenzó todo?

La respuesta nos lleva hasta Ciudad de México y a dos hermanos estadounidenses que construyeron un negocio que, con el tiempo, terminó formando parte de la vida cotidiana mexicana.

¿Quién fundó Sanborns?

La historia comenzó con Walter y Frank Sanborn, dos hermanos originarios de California.

Walter llegó a México a finales del siglo XIX y abrió una pequeña farmacia en Ciudad de México.

Posteriormente se incorporó Frank y el negocio comenzó a crecer.

Así surgió Sanborn Hermanos, una empresa que mezclaba conceptos que en aquella época no necesariamente convivían bajo el mismo techo.

Farmacia.

Fuente de sodas.

Restaurante.

Dulces.

Artículos importados.

Con el paso de los años, esa combinación se convertiría en parte fundamental de la identidad de Sanborns.

Entonces, ¿cuál fue el primer Sanborns?

Aquí hay una precisión importante.

La famosa Casa de los Azulejos no fue literalmente el primer establecimiento de los hermanos Sanborn.

El negocio ya operaba anteriormente en Ciudad de México.

Sin embargo, el edificio se convirtió en su establecimiento más emblemático y en el lugar que terminó definiendo la imagen histórica de la marca.

Los hermanos adquirieron la Casa de los Azulejos y, después de una remodelación, instalaron ahí su negocio en 1919.

Desde entonces, Sanborns y este edificio quedaron prácticamente unidos en el imaginario mexicano.

La Casa de los Azulejos ya tenía siglos de historia

Sanborns llegó mucho después.

El edificio existía desde la época colonial y es famoso por su fachada cubierta de azulejos de Talavera en tonos azules y blancos.

Su arquitectura lo convirtió en uno de los inmuebles más reconocibles del Centro Histórico.

Además, su ubicación resulta privilegiada.

Se encuentra sobre la calle Francisco I. Madero, a unos minutos del Palacio de Bellas Artes y del Zócalo capitalino.

Por eso, entrar a este Sanborns no se parece demasiado a visitar una sucursal convencional.

Aquí también estás entrando a un pedazo de la historia de Ciudad de México.

¿Por qué unos estadounidenses crearon una marca tan mexicana?

Esa es una de las curiosidades más interesantes.

El apellido Sanborn no es mexicano.

Sus fundadores tampoco lo eran.

Sin embargo, la empresa consiguió adaptarse tanto al país que terminó convertida en una institución reconocida por generaciones de mexicanos.

En parte, eso ocurrió porque su modelo evolucionó junto con las costumbres urbanas.

Sanborns dejó de ser únicamente una farmacia.

También se convirtió en restaurante, cafetería, tienda departamental y punto de encuentro.

Con el tiempo, muchos mexicanos dejaron de pensar en sus orígenes estadounidenses.

Simplemente era Sanborns.

Lee también: Gala Montes abandona La Casa de los Famosos

Las meseras también se convirtieron en parte de la identidad

Hay otro elemento imposible de separar de Sanborns.

Sus meseras.

El uniforme inspirado en la vestimenta tradicional mexicana se convirtió en uno de los elementos visuales más reconocibles de los restaurantes.

Popularmente, muchas personas las conocen como “las adelitas”.

La imagen sobrevivió durante generaciones y ayudó a reforzar el carácter mexicano que la compañía adoptó con el paso del tiempo.

Para quienes regresan a México después de vivir años en Estados Unidos, encontrarse nuevamente con esos uniformes puede despertar una sensación inmediata de nostalgia.

¿Qué tiene de especial el Sanborns de los Azulejos?

Principalmente, el edificio.

Su patio interior es uno de los espacios más fotografiados del establecimiento.

Columnas, arcos, murales y elementos históricos rodean las mesas del restaurante.

Además, la fachada exterior continúa siendo una de las imágenes más reconocibles del Centro Histórico.

Por eso recibe tanto a clientes habituales como a turistas.

Algunos entran por la arquitectura.

Otros llegan a desayunar.

Muchos hacen ambas cosas.

Sanborns también cuenta parte de la historia comercial de México

El éxito del concepto anticipó algo que hoy parece completamente normal: concentrar diferentes necesidades dentro de un solo establecimiento.

Una persona podía comprar medicamentos, comer, adquirir un regalo o buscar artículos personales sin visitar varios negocios.

Además, el restaurante convirtió las tiendas en lugares donde permanecer durante más tiempo.

Ese modelo evolucionó durante el siglo XX y permitió que la marca se expandiera por México.

Después llegó Carlos Slim

Décadas después de su fundación, Sanborns volvió a cambiar de manos.

En 1985, Grupo Carso adquirió el control de la compañía.

Así comenzó su etapa vinculada con el empresario mexicano Carlos Slim.

Posteriormente, la marca siguió expandiéndose y terminó integrada dentro de un grupo comercial mucho mayor.

Sin embargo, el nombre original sobrevivió.

También permaneció el famoso logotipo con los tres búhos.

¿Por qué hay tres búhos en el logo de Sanborns?

Es otra de las preguntas clásicas alrededor de la marca.

Los tres búhos se convirtieron en un símbolo inseparable de Sanborns y aparecen en sus establecimientos desde hace décadas.

Aunque existen diferentes historias populares sobre su significado, el emblema terminó adquiriendo una identidad propia.

Para muchos mexicanos basta mirar los tres búhos para reconocer inmediatamente la cadena.

Es un ejemplo de cómo una identidad comercial puede convertirse también en memoria colectiva.

Para los mexicanos en Estados Unidos, Sanborns también significa nostalgia

Aquí la historia adquiere otra dimensión.

Cuando una persona deja México, algunos lugares cotidianos terminan adquiriendo un valor inesperado.

Un restaurante.

Una tienda.

Un platillo.

Un uniforme.

Una taza de café.

Sanborns forma parte de esos espacios que muchos mexicanos reconocen desde la infancia.

Por eso, visitar nuevamente la Casa de los Azulejos puede ser mucho más que entrar a un restaurante.

También puede significar regresar por unas horas a una parte muy familiar de México.

¿Todavía se puede visitar?

Sí.

La Casa de los Azulejos continúa funcionando como uno de los establecimientos más emblemáticos de Sanborns en el Centro Histórico de Ciudad de México.

Además, su ubicación permite integrarla fácilmente dentro de un recorrido turístico por el centro.

Bellas Artes está prácticamente al lado.

La Alameda Central queda muy cerca.

El Zócalo se encuentra a poca distancia caminando por Madero.

Así, puedes conocer uno de los edificios más famosos de la capital y, al mismo tiempo, sentarte a comer dentro de él.

Una empresa estadounidense que terminó convertida en tradición mexicana

La historia tiene una ironía maravillosa.

Dos hermanos estadounidenses llegaron a México y construyeron un negocio con su apellido.

Más de un siglo después, millones de mexicanos lo sienten completamente suyo.

La Casa de los Azulejos ayudó a convertir aquella farmacia en algo mucho más grande.

Hoy representa comercio, gastronomía, arquitectura y nostalgia.

Sanborns nació de una idea estadounidense, creció en Ciudad de México y terminó convertido en uno de esos lugares que explican perfectamente cómo una marca puede volverse parte de la memoria de un país.

Editorial Staff

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