La inteligencia artificial dejó de ser un terreno exclusivo de grandes corporaciones y laboratorios cerrados. En América Latina, una nueva corriente impulsa el desarrollo tecnológico desde una mirada crítica, comunitaria y con impacto social. Se trata del avance de la IA feminista, un movimiento que propone repensar cómo se diseñan los algoritmos, quién decide sobre ellos y a quiénes benefician realmente.
Lejos de centrarse solo en la inclusión de mujeres en el sector tecnológico, esta perspectiva parte de una idea clave. Los sistemas de inteligencia artificial no son neutrales y pueden reproducir desigualdades de género, clase y origen si no se cuestionan sus datos, objetivos y usos. En consecuencia, la IA feminista busca intervenir en todo el ciclo tecnológico para orientarlo al bien público.
Además, el movimiento se organiza de forma colectiva. En la región se consolidó una red de iniciativas que trabajan en análisis de datos, justicia, lenguas originarias y políticas públicas con enfoque de derechos. Esta articulación permitió recibir más de un centenar de propuestas de distintos países, de las cuales varias ya avanzan en etapas de prototipo y piloto, con acompañamiento técnico y estratégico.
IA feminista como motor de innovación social
La IA feminista en América Latina también plantea un cambio en la lógica de innovación. En lugar de priorizar la velocidad o la rentabilidad inmediata, pone el foco en la utilidad social, la transparencia y la rendición de cuentas. Asimismo, promueve que las comunidades participen en las decisiones tecnológicas que afectan su vida cotidiana.
Por otro lado, estos proyectos demuestran que la región no solo adopta tecnología, sino que genera modelos propios. Herramientas para facilitar el acceso a la justicia, sistemas de análisis con perspectiva de género y plataformas que protegen identidades culturales forman parte de este ecosistema emergente.
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El crecimiento de estas iniciativas ocurre en un contexto donde la inteligencia artificial ya influye en empleo, seguridad y servicios públicos. Datos recientes muestran que más de la mitad de los proyectos seleccionados en esta red regional tienen impacto directo en políticas públicas y derechos sociales, lo que refuerza el peso estratégico de este enfoque en el futuro tecnológico latinoamericano.