La presión diplomática volvió a concentrarse sobre Venezuela tras un pronunciamiento regional que marcó posición política clara. En América Latina, seis gobiernos coincidieron en que la situación institucional del país requiere acciones inmediatas para recuperar garantías democráticas y respeto a los derechos humanos.
Durante una reunión regional realizada en Brasil, representantes de Argentina, Paraguay, Panamá, Bolivia, Ecuador y Perú firmaron una declaración conjunta dirigida al gobierno de Nicolás Maduro. El documento exigió restablecer el orden democrático y liberar a personas detenidas sin garantías legales.
Además, los firmantes expresaron preocupación por el deterioro institucional y el impacto regional de la crisis venezolana. El texto subrayó que la situación política interna tiene consecuencias directas en flujos migratorios, estabilidad social y cooperación entre países vecinos.
El pronunciamiento se difundió tras los encuentros del bloque sudamericano, en un contexto donde varios gobiernos buscan mecanismos diplomáticos para responder a crisis prolongadas sin recurrir a confrontaciones directas.
Restablecer la democracia en Venezuela como reclamo regional
La exigencia de restablecer la democracia en Venezuela se apoyó en principios del Mercosur, particularmente en los compromisos democráticos que rigen la relación entre Estados miembros y asociados. Los países firmantes pidieron garantizar elecciones libres y respeto pleno al Estado de derecho.
Asimismo, el documento llamó a asegurar la integridad física de los detenidos y el cumplimiento del debido proceso. En consecuencia, la declaración refuerza una postura regional que busca soluciones pacíficas, pero firmes, ante el prolongado conflicto institucional.
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Por otro lado, la ausencia de algunos países en la firma reflejó diferencias internas sobre cómo abordar la situación. Aun así, el pronunciamiento dejó constancia de una creciente coincidencia diplomática en torno a la necesidad de cambios estructurales.
Más de siete millones de venezolanos han salido del país en la última década, según estimaciones de organismos internacionales, un dato que continúa influyendo en la agenda política y humanitaria de América Latina.